viernes, 13 de diciembre de 2013

Victor Hugo Vazquez Valenzuela
"Los Pachucos en Los Angeles, una identidad creada por mexicoamericanos en la década de 1940. Aproximaciones al caso de zoot-suit y la obra de Luis Valdez”
Trabajo Final Sociología
Prof. Luis Roberto Moran Quiroz


En El laberinto de la soledad Octavio Paz utilizó la figura del “pachuco” para analizar al ethos mexicano. Recurriendo a la imagen de un mexicano implantado en un ambiente totalmente diferente del que éste había surgido, Paz relató que los “pachucos” persistían en su voluntad de ser distintos “a través de un dandismo grotesco y de una conducta anárquica”.[1] Según Paz, el “pachuco” había “perdido toda su herencia: lengua, religión, costumbres, [y] creencias” y era un ser al que sólo le quedaba “un cuerpo y un alma a la intemperie, inerme ante todas las miradas”, razón por la cual utilizaba un disfraz que en su entorno “lo protege y, al mismo tiempo, lo destaca y aísla: lo oculta y exhibe.”[2] 
Paz había vivido en Los Ángeles en la etapa tardía de la década de 1940, periodo en el cual el “disfraz” utilizado en su descripción del “pachuco” había estado, efectivamente, de moda entre los jóvenes mexicoamericanos y había sido conocido como zoot-suit. El traje del “pachuco” o zoot-suit, había surgido realmente en Nueva York, en el mundo sub-cultural de Harlem en la década de 1930s, cuando varios jazzistas afroamericanos habían adoptado una vestimenta que contenía ciertos cortes un tanto exagerados.[3] Posteriormente, muchos de los jóvenes mexicoamericanos del área de Los Ángeles habían adoptado al zoot-suit como vestimenta y símbolo de distinción ante la cultura norteamericana.[4]
A pesar del acierto tanto de Paz como de Valdez al momento de señalar la ambivalencia cultural del joven mexicoamericano en la figura del “pachuco”, esta no necesariamente refleja la realidad de estos grupos de adolescentes mexicoamericanos que vivían en la ciudad de Los Ángeles durante la década de 1940s. La visión queda corta al tratar de representar a un grupo a través de un solo individuo. Al hacerlo tanto el filósofo mexicano como el escritor mexicoamericano presentan a este grupo de jóvenes como un monolito, como el debate interior de un individuo que no logra encontrar elementos identitarios que le representen su ethos. Esto no necesariamente ocurrió con los jóvenes que usaron el zoot suit como vestimenta representativa y ni siquiera con aquellos que estuvieron involucrados en el caso de sleepy lagoon. Ellos eran un grupo y no un solo individuo.
El presente ensayo tiene como propósito el analizar a la figura del “pachuco” en la obra zoot suit del mexicoamericano Luis Valdez. Sostiene como hipótesis principal que tanto en obra como en la figura que empleó Paz para referirse al “pachuco” en El laberinto de la soledad no necesariamente se reflejó la realidad de lo que ocurría con los jóvenes mexicoamericanos que residían en la ciudad de Los Ángeles en la década de 1940s. Lo anterior parte del análisis del propio caso—de sleepy lagoon—en el que está basada la puesta en escena de Valdez y en el análisis de algunos de los eventos en los que los “pachucos” o zoot suiters, como se les conocía en inglés, estuvieron involucrados. Propone que la figura del “pachuco” no puede analizarse por sí sola, sino que debe hacerse un análisis a partir de la figura de “los pachucos”, pues, afirmo, los jóvenes mexicoamericanos sólo pudieron crear una identidad como ésta a partir de su inserción en un grupo. Lo anterior se desprende de las propias expresiones de los individuos que fueron arrestados en el caso de sleepy lagoon  y de algunas que estos emitieron cuando se dio el enfrentamiento entre “pachucos” y “marinos” en el área de la ciudad de Los Ángeles en 1943, en donde los individuos muestran identidades atadas a la colectividad.

Sleepy Lagoon
Sin duda alguna, para entender la representación del “pachuco” en la obra de Valdez es importante contextualizar los hechos en los que está basada la obra. El caso de Sleepy Lagoon, o The people v. Zamora et al., como vino a ser conocido entre la comunidad estadunidense, fue un caso que propició la estigmatización de los jóvenes que usaban el “zoot-suit” y que eran conocidos en la década de 1940s como “pachucos”. Como arguye…. El caso estuvo viciado desde un principio y estuvo “plagado de estereotipos de raza y clase que al final desbalancearon la evidencia en contra de los acusados, creando histeria en contra de los mexicoamericanos que usaban el ‘zoot-suit’ que luego desembocarían en los motines de 1943.”[5]
            La pesadilla para los “pachucos” que Valdez después representaría en zoot-suit, comenzó el 2 de agosto de 1942, cuando José Díaz, un joven mexicoamericano que residía en la ciudad de Los Ángeles fue encontrado golpeado e inconsciente en un predio, que era conocido como sleepy lagoon, debido a que en éste se encontraba una represa a la que así le llamaban los residentes del área.[6] Desafortunadamente, Díaz, quien estaba a punto de marchar a la guerra al momento en que fue golpeado, perdió la vida posteriormente en el hospital, generando, en ese momento, un caso que fue tomado por la policía de Los Ángeles para ir en contra de los “pachucos”.  A partir del asesinato de Díaz, la policía emprendió una campaña para “limpiar las calles de pandillas juveniles”.[7]
            En menos de una semana la policía de Los Ángeles arrestó a más de 20 miembros de la “pandilla de la calle 38”. A los miembros de esta pandilla, entre ellos a Henry Leyvas (personaje que después sería retomado por Valdez para crear a la estrella de su puesta en escena, Henry Reyna), se les acusó de haber golpeado directamente a Díaz. De acuerdo al periódico Los Angeles Times, los miembros de la pandilla de la calle 38 habían ido a nadar a la represa de sleepy lagoon y, “cuando alguien robó su cerveza”, “siguió una pelea y los miembros de la pandilla de la calle 38 acusaron a los invitados de una fiesta de cumpleaños [que se daba] en casa de los  Del Gadillo”, la cual estaba cerca, de haber robado la cerveza. “Se fueron entonces a su casa pero regresaron con ocho coches llenos de amigos” e iniciaron una pelea en la cual José Díaz fue brutalmente golpeado.[8]
            Durante las dos semanas que siguieron al asesinato, la policía arrestó a cientos de jóvenes que acusaron de pandillerismo. La policía y las autoridades se habían ensañado con los jóvenes mexicoamericanos desde el principio del caso. El juez que llevó el caso de Leyvas y del resto de los acusados por el caso de sleepy lagoon a investigación, por ejemplo, los había descalificado llamándoles “traidores”. Había dicho literalmente que:
En tiempos [de guerra] como estos el comportamiento de unos pocos miembros de la gran colonia mexicoamericana es una desgracia para los Estados Unidos, y aquel que avergüenza a los Estados Unidos en tiempos de guerra es un traidor a la democracia que le ha dado abrigo.[9]

Para el 12 de agosto, Los Angeles Times reportaba que más de “200 jóvenes” habían sido arrestados y llevados al centro de detención de Central Station.[10] Veintitrés de los jóvenes que habían sido arrestados estaban relacionados con el caso de la muerte de Díaz.  
            El caso de los jóvenes que se vinculaban al asesinato de sleepy lagoon creó una gran conmoción en la opinión pública. Durante la segunda mitad de 1942, el procurador de distrito (District Attorney) del condado de Los Ángeles buscó obtener pruebas que mostraran la culpabilidad de los jóvenes de la pandilla 38 y se lanzó con todo a declarar que la ciudad vivía una “ola de delincuencia juvenil.”[11] Tanto los periódicos de la prensa de habla inglesa como los de habla española aprovecharon la ola de sensacionalismo que existía en la ciudad para tachar a aquellos que usaban el zoot-suit como vestimenta de posibles criminales.[12] Al final, de los veintidós jóvenes que fueron juzgados 17 fueron encontrados culpables y enviados a la prisión de San Quintín. Tres de ellos, Henry Leyvas de 19 años de edad, Robert Telles de 19, y José “Chepe” Ruiz de 17 fueron condenados a pasar prisión de por vida.[13]

La reconstrucción del caso de Sleepy Lagoon en Zoot-Suit de Luis Valdez y la figura del “pachuco”.

Muchos años más tarde de que hubiera ocurrido, el caso de Sleepy Lagoon sirvió como inspiración al escritor mexicoamericano Luis Valdez para elaborar una de sus obras de teatro más exitosas. En Zoot-Suit, Valdez plasmó tanto el contexto que estaba viviendo la ciudad de Los Ángeles durante la década de 1940s, así como las vicisitudes del proceso judicial que llevó a los jóvenes a la cárcel. Fue una copia casi facsimilar de lo que había ocurrido. Henry Leyvas, el joven mexicoamericano que había sido señalado como el líder de la pandilla de la calle 38, vino a convertirse en Henry Reyna. “Chepe” Ruiz apareció como Joey y la historia se desarrolló tal y como había ocurrido en el famoso caso que ocurrió durante el primer lustro de la década de 1940s. La obra, la cual se presentó con gran éxito en Los Ángeles durante más de cuarenta semanas consecutivas, terminó siendo un rotundo fracaso en Broadway.[14]
            La obra de Valdez no escapó a la tentación de reconstruir la figura del “pachuco” al momento de plasmar la esencia del caso. En Zoot-Suit, el “pachuco” aparece como el alter ego de Reyna a quien nadie más que él puede ver y escuchar. Es, también, el personaje que dirige la obra y que trata de hacer llegar su mensaje al público. El mismo “pachuco” presenta al “pachuco style” como a un “acto de vida” y a “su lenguaje como una nueva creación”. Es un “precursor mítico de la revolución, burlón, que causa miedo o simplemente un bromista horrible y al mismo tiempo heroico.” Y es, finalmente, “existencial” pues éste era, según Valdez, propiamente un actor en las calles.[15]
En la obra de Valdez, el “pachuco” como “actor en las calles” no puede ser entendido sin su indumentaria. El Zoot-Suit se resalta como la esencia de un personaje que, tal y como había señalado Paz, trata de “ejercer su voluntad personal de seguir siendo distinto”.[16] Este es, por lo tanto, el motivo para que Henry Reyna se sienta orgulloso de usar su “tacuche” al momento de ir a la fiesta en donde se mete en problemas. Es ropa que, según la propia obra, le “cuesta mucho” a un personaje como Reyna, pero que le hace sentir con confianza en sí mismo.[17] El traje de zoot-suit, es, pues, la manera a través de la cual el “pachuco” llega a existir de manera distinta a la de los miembros de la cultura dominante, algo que es en sí mismo un acto rebelde. Esto está plasmado en el diálogo que el “pachuco” sostiene con la prensa (la cual aparece como un personaje que tiene vida propia), diálogo que conviene reproducir in extenso:
PACHUCO: The Press distorted the very meaning of the word “zoot suit.”
All it is for you guys is another way to say Mexican.
But the ideal of the original chuco
Was to look like a diamond
To look sharp
Hip
Bonaroo
Finding a style of urban survival
In the rural skirts and outskirts
Of the brown metropolis of Los, cabrón.

PRENSA: It’s an affront to good taste.

PACHUCO: Like the Mexicans, Filipinos and blacks who
Wear them.

PRENSA: Yes!

PACHUCO: Even the white kids and the Wops and the Jews are putting on the drape shape.

PRENSA: You are trying to outdo the white man in exaggerated white man’s clothes!

PACHUCO: Because everybody knows
That Mexicans, Filipinos and blacks
Belong to the huarache
The straw hat and the dirty overall.[18]

El traje y su exageración al momento de adornar la manera de vestir son, por tanto, un acto de rebeldía que tiene implicaciones identitarias y de clase que retan el status quo. Como había señalado Paz al hablar del zoot-suit, “uno de los principios que rigen a la moda norteamericana es la comodidad; al volver estético el traje corriente, el “pachuco” lo vuelve “impráctico”. Niega así los principios en que su modelo se inspira. De ahí su agresividad.”[19] Es un personaje, pues, que utiliza a la moda norteamericana para reafirmar su existencia como individuo distinto tanto a la cultura mexicana como también a la norteamericana.
El “pachuco”, en la obra de Valdez, aparece, por tanto, como un ser que vive una ambivalencia cultural que no le permite identificarse como mexicano o como estadounidense. Rechaza plenamente a la cultura norteamericana y hace caso omiso de la cultura mexicana, a la cual en el mejor de los casos la reivindica en el pasado prehispánico. Al momento en que Reyna le comenta al “pachuco” que pensaba reportarse a la Marina estadounidense al siguiente día de su arresto, éste le martilla la sugerencia diciéndole que es una “movida estúpida”. [20] Cuando Reyna insiste, el “pachuco no duda en señalarle tajantemente:
este no es tu país. Ve todo lo que está pasando a tu alrededor. Los japoneses han tomado el Pacífico. Rommel está ganando en Egipto, pero el alcalde de L.A. ha declarado una guerra en contra de los chicanos. ¡En tu contra![21]

En el intercambio, sin embargo no se hace ninguna referencia a México. Se sitúa a Reyna y a los zoot-suiters como a personajes que se encuentran ya en un ambiente distinto en el que aparecen como víctimas.[22]  Ni el “pachuco” ni Reyna, tal y como había señalado Paz en su arquetipo del “pachuco” tienen en mente la posibilidad de volver al origen mexicano, a tiempo que tampoco quieren—al menos en apariencia—fundirse en la vida norteamericana.[23]
            En el trabajo de Valdez, por lo tanto, la dualidad que se da entre Reyna y el “pachuco” como la del ser (Reyna) y su inconsciente (“pachuco”) sirve para resaltar el proceso de creación de la identidad mexicoamericana.[24] Reyna como ser aparece queriendo meterse por algún medio (la Marina) a la sociedad norteamericana, mientras que el “pachuco” se muestra reluctante a cualquier forma de integración. Así, la tensión identitaria se individualiza en la obra al reflejarse solamente entre el individuo y su subconsciente. Al igual que en la obra de Paz, el “pachuco” aparece solo ante la realidad cultural que le domina. Se crea, de esta forma, una tensión cultural que deja de lado al individuo y su colectividad, el cual es uno de los aspectos claves para entender el caso de los “pachucos” que residían en Los Ángeles en la década de 1940s y el mismo caso de Sleepy Lagoon.

Los grupos de “pachucos” que habitaban en Los Ángeles en la década de 1940s y la creación de identidad colectiva en el caso de Sleepy Lagoon y los motines del Zoot-Suit.

La individualización en el proceso de construcción identitaria que aparece tanto en la obra de Paz como en la obra de Valdez contribuye a crear una imagen de la vida de los “pachucos” en la década de 1940s que no necesariamente refleja la realidad. Al atomizar este proceso, el individuo aparece en las obras de Paz y Valdez como lo que Max Weber llamó un “tipo ideal” en el cual se plasma la esencia de una comunidad que vivía estos procesos de manera colectiva.[25]  El uso del “tipos ideales”, sin embargo, es un tanto riesgoso cuando se utiliza como herramienta para describir hechos históricos, pues una vez formulados, éstos pueden llegar a constituirse en conceptos que ganan significado independientemente del grupo al cual describen.[26] Así, al enfocarse en un solo individuo, tanto Paz como Valdez dejan de lado la forma colectiva en la cual se construyó la identidad de los pachucos durante la década de 1940s. En el proceso se pierde, no sólo a la esencia misma del caso de Sleepy Lagoon sino también a la forma en cual la figura de los pachucos se formó a partir de la colectividad.
            El caso Sleepy Lagoon fue un evento en el cual se reflejó la figura del zoot suiter como miembro de una colectividad. Como se mencionó anteriormente, en el proceso judicial estuvieron involucrados 23 personajes de los cuales 17 fueron encontrados culpables.[27] Independientemente de la cohesión que las vicisitudes del caso pudieran haber generado entre los acusados (recuérdese que fueron juzgados en masa y, por tanto, tenían suficientes motivos para crear lazos entre ellos) existían otras formas de camaradería que reflejaban los vínculos de los suiters como grupo; algo que la obra de Valdez deja completamente de lado. Esto se da incluso en el momento en que los 17 condenados se encuentran presos. Desde la cárcel, por ejemplo, uno de los jóvenes le escribió a uno de sus amigos:
Cuando regresamos del patio en la tarde y nos encierran en nuestras celdas, entonces el golpe y la cerradura de las puertas nos deja un sentimiento más bien solitario, vacío de estar solo. Te paras frente a la puerta de acero a esperar para que el guardia pase y tome lista. Escuchando sus pasos que se oyen cada vez menos en la distancia, para este tiempo hay una pasividad tensa que parece arrastrarse sobre el conjunto de celdas. Entonces te das cuenta de que estás solo, tan solo….[28]

El joven autor de la carta, de quien desgraciadamente la fuente no provee el nombre, refleja en este fragmento cómo aún estando en prisión los “pachucos” encarcelados por el caso de Sleepy Lagoon, consideraban la camaradería del grupo como a una parte esencial de su vida social. El “pachuco” que en este caso se encuentra realmente “solo” reflexiona a cerca de sí mismo como miembro de una colectividad. Consecuentemente, la lucha identitaria que el individuo sufre internamente y que se plasma tanto en la obra de Valdez como en la de Paz se adhiere a un plano de mucho mayor envergadura: el plano colectivo. En otra carta que Henry Ynostroza, otro de los apresados por el caso, dirigió a Alice McGrath —una de las personas que integraron el comité para apelar el juicio masivo de los chicos y quien aparece como Alice Bloomfield en la obra de Valdez— éste le expresa el sentimiento colectivo de los chicos cuando le dice:
Estamos haciendo lo mejor que podemos para mantenernos fuera de cualquier problema, Alice, no mentimos. Estamos todos esperando por la apelación para ver si vamos a casa o no, pero quiero que sepas que todos queremos ir ya a casa. Este domingo vamos a tomarnos una foto todos juntos y te la enviaremos tan pronto como la tengamos [revelada]. Pero antes que eso aquí va una de Bob L. Nick, un amigo de nosotros y yo, yo espero que te guste. Así que Al organizó el baile. Caray, hubiera deseado que todos hubiéramos estado ahí, ¿hubo muchas chicas?[29]

De esta manera, el mensaje de Ynostroza y el del “pachuco” que escribió la carta de donde se extrajo el primer fragmento exaltan las figuras de sus autores como miembros de una colectividad. Los “pachucos” eran, pues, miembros de grupo urbano que se desprendió de una comunidad más grande, un grupo que formó su propio enclave dentro de una sociedad cosmopolita como lo era la sociedad de Los Ángeles en la década de 1940s. Un grupo urbano que mostraría su cohesión identitaria en otro incidente que tuvo mucho más notoriedad que el caso de Sleepy Lagoon.
            En los primeros días de junio de 1943, durante el tiempo que los jóvenes acusados por el caso de Sleepy Lagoon estuvieron en prisión un grupo de marinos norteamericanos que estaban estacionados en Los Ángeles listos para ir a la guerra tuvieron un altercado con jóvenes mexicoamericanos que usaban el zoot-suit.[30] La pelea, que comenzó como un intercambio verbal entre grupos pequeños de ambos bandos, eventualmente desató una serie de motines que duraron más de una semana. Durante este tiempo los marinos golpearon y desnudaron a cuanto joven mexicoamericano encontraron usando el traje de “pachuco”.[31] Aunque al principio comenzaron sucumbiendo en las peleas ante los marinos, los jóvenes mexicoamericanos se organizaron como grupo para responder a las agresiones. El 7 de junio de 1943, por ejemplo, 16 jóvenes que fueron arrestados por la policía manifestaron que ellos mismos habían organizado el grupo para “pelear con todo” contra los marinos.[32]  Además, el 8 de junio Los Angeles Times reportó que unos jóvenes de origen mexicoamericano habían manifestado a la policía que se estaban organizando y que tenían listos “más de 500 suiters para atacar a los marinos”.[33]
La organización de los jóvenes mexicoamericanos para responder a la agresión de los marinos demostró que los “pachucos” podían identificarse con individuos de su mismo grupo urbano aunque no les conocieran directamente. Eran un grupo que, como señalaron los sociólogos Marcos Sánchez-Tranquilino y John Tagg, había creado una
cultura de  ensamblaje, la cual había sido construida de máquinas para las que sus creadores nunca leyeron los  manuales. Era una afirmación cultural, no en pro de un nostálgico retorno a una imaginaria totalidad original y un pasado, sino una afirmación por medio de una apropiación, transgresión, re-ensamblaje, una transgresión y reestructuración de las leyes del lenguaje, (…) pero también en el lenguaje del cuerpo, de los gestos, el cabello, los tatuajes, la vestimenta, y el baile; y en los lenguajes del espacio, la ciudad, el barrio, la calle. Paz se ofendió y vio solo negatividad: un lenguaje anárquico y grotesco que decía nada y decía todo: una falla de la memoria o de la asimilación. El rechazo a lo convencional no tenía sentido.[34]

El nivel de organización que lograron los jóvenes mexicoamericanos  para responder a la agresión de los marinos fue tal que el consejo de la ciudad decidió declararla ciudad fuera de los límites en que los marinos podían caminar.[35] Días después, también la ciudad decidió también prohibir el uso del zoot-suit, aunque muchos de estos seguirían usándolo en los años posteriores a los motines y se convertirían en un objeto de análisis que, tal y como señalaron Sánchez-Tranquilino y Tagg, Paz lograría comprender poco.

    Conclusiones
El comportamiento de los “pachucos” que residían en la ciudad de Los Ángeles en la década de 1940s no puede interpretarse como un fenómeno monolítico. Si se toma el surgimiento de la figura del “pachuco” como a una “contracultura en embrión”, se puede llegar a entender a su conformación como a un fenómeno social que trasgrede los límites de una formación identitaria individual.[36] Si bien existen múltiples actitudes y graduaciones que pueden expresarse en el heterogéneo universo de un grupo en su proceso de formación de una identidad colectiva, también puede decirse que muchas de estas acciones son expresadas con tendencias bien marcadas.[37] De esta manera, se puede afirmar que el uso del zoot-suit por una gran cantidad de jóvenes de origen mexicano se convirtió en un mecanismo de identificación colectiva en el cual hubo expresiones variadas. Aunque, tal y como señalaban los periódicos de la década de 1940s, hubo jóvenes de origen mexicano que utilizaron el zoot-suit para identificarse con su pandilla, hubo otros que sólo le emplearon como vestimenta para sus tiempos de recreación, especialmente al momento de visitar los clubes de jazz.[38] De cualquier manera, el traje de “pachuco” o zoot-suit terminó representando la forma en la que individuos que pertenecían a la comunidad mexicoamericana formaron un subgrupo que se dio a conocer ante la cultura dominante y creó su propio nicho social dentro de ésta.[39] La creación de la figura del “pachuco” como símbolo de identidad colectiva, sin embargo, fue un proceso se dio tan sólo en un sector de la comunidad mexicana que residía en el Sur de California.
            La pugna identitaria que vivían los mexicanos y mexicoamericanos que residían en la ciudad de Los Ángeles durante la década de 1940s era mucho más compleja de lo que plantearon más tarde Paz y Valdés. Los “pachucos” no representaban la generalidad del mexicano o mexicoamericano que habitaba en la ciudad de Los Ángeles durante este período. De acuerdo a la historiadora Ashley Lucas, éstos sólo componían alrededor de un 3 a 5 por ciento de los mexicanos o mexicoamericanos de la ciudad.[40] Muchos de los inmigrantes de origen mexicano de primera generación y sus hijos se dedicaban simplemente a tratar de ganarse la vida trabajando. Fue por esto que, cuando trató de analizar el fenómeno de los zoot-suiters, el columnista de Los Angeles Times, Timothy G. Turner,  escribió que él mismo había “vivido una vida de asociación con los mexicanos” y que podía “testificar que ellos generalmente son amables, corteses y educados.”[41] Otros residentes del área de origen mexicano trataban de acoger al máximo a la cultura anglosajona. Paz mismo se refirió muchos de los mexicanos que residían en el Sur de California durante este momento trataban de asimilar sus costumbres a las de los “americanos auténticos”.[42]
Así, tanto la figura del “pachuco” que empleó Octavio Paz en El laberinto de la soledad al igual que la que utilizó Luis Valdez en zoot-suit fue parte de una simplificación de aquellos elementos que a ambos autores les saltaron más a la vista. Paz mismo se refirió al “pachuco” como a “uno de los extremos que puede llegar el mexicano”.[43] Tanto el autor mexicano como Valdez trataron de justificar este extremo situando al individuo de origen mexicano en medio de dos mundos culturales. En el proceso, dejaron de lado a los individuos que formaban el universo de donde surgía su “tipo ideal”. La creación de una identidad que necesariamente tenía que ser colectiva para mostrarse ante grupos culturales mucho más grandes había tenido que ser obra de grupo.




Fuentes Primarias.

Archivo digital del periódico Los Angeles Times.

Fuentes Primarias del programa “Zoot Suit Riots: Los Angeles Erupts in Violence.” American Experience. American Public Broadcasting Coorporation. http://www.pbs.org/wgbh/amex/zoot/

“Navy Ban on this Area will be Lifted Today”, Los Angeles Times, 15 de Junio de 1943, pg. A1





Bibliografía


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Flores, Arturo C. El teatro campesino de Luis Valdez, 1965-1980, Madrid: Pliegos, 1990.

Fregoso, Rosa Linda. “The Representation of Cultural Identity in Zoot Suit.” En Theory and Society, Vol. 22, No. 5, 659-674.

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Obregón Pagán, Eduardo. Sleepy Lagoon: The Politics of Youth and Race in Wartime Los Angeles, 1940-1945. Tesis Doctoral, Princeton University, 1996.

Paz, Octavio. El laberinto de la soledad. México, Fondo de Cultura Económica, 1980.

Rodríguez, Elvia. “Por la guerra de marinos y pachucos”: The Zoot Suit Riots in the Spanish Language Press. Tesis de Maestría, California State University, Fresno, 2008.

Sánchez-Tranquilino, Marcos and John Tagg. “The Pachuco´s Flayed Hide: The museum, Identity, and Buenas Garras.” In Cultural Studies, ed. por Lawrence Grossberg, Cary Nelson y Paula Treichler. Londres: Routlege, Chapman and Hill, Inc., 1992. pp. 566-571

Turner, Ralph H. and Samuel J. Surace. “Zoot-Suiters and Mexicans: Symbols in Crowd Behavior”. American Journal of Sociology, Vol. 62, No. 1, (Jul., 1956), pp. 14-20.

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Weber, Max. Methodology of Social Sciences. Glencoe, IL.: Free Press, 1949.

“Zoot-Suit Epidemic”, en The Science News-Letter, Vol. 43, No. 25. (Jun. 19, 1943), p. 388.




[1] Paz, Laberinto, 1950, 3.
[2] Paz, Laberinto, 1950, 3.
[3] Para una historia del traje de pachuco o zoot suit véase Cosgrove, “Zoot-Suit”, 1984.
[4] Cosgrove, “Zoot-Suit”, 1984, p. 152.
[5] Obregón, “Sleepy”, 1996, p. 141.
[6] La historia del caso de Sleepy Lagoon puede verse con mucho más detalle en Obregón, “Sleepy”, 1996, 138-156. Y Rodríguez, “Guerra”, 2008, 34-38.
[7] La afirmación de “limpiar las calles de pandillas juveniles” fue emitida por el jefe de la policía de Los Ángeles. Véase, Los Angeles Times, 6 de agosto de 1942, p. A2.
[8] Los Angeles Times, 6 de agosto de 1942, p. A2.
[9] Los Angeles Times, 6 de agosto de 1942, p. A2.
[10] Los Angeles Times, 12 de agosto de 1942, pg. A1.
[11] Obregón, “Sleepy”, 1996, p. 143.
[12] Obregón, “Sleepy”, 1996, p. 143. Rodríguez, “Guerra”, 2008, 34-38.
[13] La sentencia se dictó el 1ero.de febrero de 1943 y apareció en Los Angeles Times el 2 de febrero. Véase Los Angeles Times, 2 de febrero de 1943, p. A2.
[14] Flores, Teatro, 1990, p. 101.
[15] La presentación de lo que la obra de Valdez entiende por pachuco se encuentra al principio de la obra. Véase Valdez, Zoot-Suit, 1978, p. 25-26.
[16] Paz, Laberinto, 1950, 3.
[17] Valdez, Zoot-Suit, 1978, p. 33-34.
[18] Valdez, Zoot-Suit, 1978, p. 80.
[19] Paz, Laberinto, 1950, 4.
[20] Paz, Laberinto, 1950, 3.
[21] Valdez, Zoot-Suit, 1978, p. 30.
[22] Para Fregoso, los Zoot-Suiters aparecen como víctimas de “instituciones racistas” en la obra de Valdez. Véase, Fregoso, “Representationn”, 1993, p. 660.
[23] Paz, Laberinto, 1950, 3.
[24] La dicotomía entre el “pachuco” y Reyna está plasmada en el trabajo de Fregoso, “Representation”, 1993, p. 668.
[25] El concepto de “tipo ideal” fue tratado por Weber en su libro Metodología de las Ciencias. Véase Weber, Methodology, 1949, p. 42-43.
[26] Obregón, Obregón, “Sleepy”, 1996, p. 23.
[27] Véase nota 17.
[28] La carta fue escrita por uno de los adolescentes encarcelados por el caso de Sleepy Lagoon y fue dirigida a uno de los amigos afuera de quien sólo se provee el nombre de Jaime. Fue reproducida por la televisora del gobierno norteamericano Public Broadcasting Service (PBS) en un documental especial que hicieron sobre el caso. Fue consultada en http://www.pbs.org/wgbh/amex/zoot/eng_filmmore/ps_02.html 5 de diciembre de 2013. La traducción es mía.

[30] Para una breve descripción de los inicios de los motines véase Rodríguez, “Guerra”, 2008, 29-31.
[31] Véanse las noticias de este tipo de peleas en el artículo “Zoot Suiters Learn Lesson in Fights With Servicemen” en Los Angeles Times, 7 de junio de 1943. pg. A1.
[32] Véase “Zoot” en Los Angeles Times, 7 de junio de 1943. pg. A1.
[33] Véase “Riot”, Los Angeles Times, 8 de junio 1943, pg. 1. 
[34] Véase Sánchez-Tranquilino y John Tagg, “Pachuco”, 1991, p. 558.
[35] La orden se dio durante la semana en que se dieron los motines y fue levantada poco después cuando los oficiales de la marina apelaron al consejo de la ciudad. Véase, “Navy”, Los Angeles Times, 15 de Junio de 1943, pg. A1
[36] Obregón, Obregón, “Sleepy”, 1996, p. xx.
[37] Turner y Surace, “Zoot-Suiters”, 1956, p. 14.
[38] Véase, Daniels. “Los Angeles”, 2002.
[39] Así lo afirmaba la revista académica en junio de 1943 cuando decía, “The zoot-suit, origianlly just a dress fad intended as a part of the jitterbug dance, has become the visible signal for concerted action. It is “definately a symbolic expression of potential unity of attack”.
[40] Lucas, “Reinventing”, 2008, p. 66.
[41] Turner, “Significance”, en Los Angeles Times, 14 de enero de 1943, p. A4.
[42] Paz, Laberinto, 1950, 3.
[43] Paz, Laberinto, 1950, 3.

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